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Mi homenaje al 70 Aniversario del Grand Hotel Rio Cuarto

Mi homenaje al 70 Aniversario del Grand Hotel Rio Cuarto

El 17 de enero de 1953 era inaugurado el Grand Hotel en Rio Cuarto, el primer edificio en altura de la ciudad, mismo lugar en donde, en otro momento, estuviera localizado el Cabildo de la Villa de la Concepción. El nuevo gigante de cemento, ahora pasaría a ocupar un lugar emblemático, frente a la plaza principal, y frente también a la Iglesia Catedral, fundante de la ciudad.

Como una figura egregia, se planta como símbolo, resistente y sólido, de algo muchas veces soslayado en nuestra ciudad: El turismo. Se encuentra firme y solemne allí, resistiendo las inclemencias de los cambios sociales, las revoluciones, los enfrentamientos civiles, las pandemias. Muchos edificios han cambiados de rumbo, sabemos de hoteles que han desaparecido, que se han convertido en clínicas, multi-espacios, casinos, prostíbulos. El Grand Hotel, fiel a su pétrea estructura, persiste en su función de hotel, como una hermosa montaña hueca, como una caverna acogedora. Conservando, incluso, muchos de sus antiguos empleados, con casi 30 años de antigüedad.

En la pandemia, cuando las voces difamatorias, siempre presentes, presagiaban su caída, el gigante resistía incolume, ante los improperios de un Goliat soberbio y llano, que tiraba piedras para ocultar su miedo.

Nuestro materialismo extremo, que nos ha otorgado grandes logros, nos aleja de percepciones más profundas, que aguardan agazapadas, hasta que nos disponemos a observar y sentir. Para quienes nos detenemos a observar, el hotel vibra en historia, y simbología.

Pasaron cinco administraciones, hasta quedar en las manos de Eduardo Rivera y Maria Juana Duca; un brillante matrimonio de negocios, sin duda, pero a su vez, en el interior de la caverna, en la habitación personal, las paredes están repletas de libros, muchos más libros de los que suelen verse en una biblioteca corriente.

Es que en el Hotel resuenanla sabiduría, y las letras. Sabemos que allí vivió Juan Filloy, autor de más de 60 libros originalísimos, un gigante de la literatura que no buscaba galardones ni vana espuma. Un escritor que inspiro a Cortazar y a Borges, y que se sostuvo, como el Gran Hotel, como una figura firme, trabajando en su obra sin cansancio, lejos de las distracciones del charlatanazgo. ¿Será por eso que Filloy eligió el Gran Hotel como residencia, pudiendo haber elegido tantos otros lugares?

Los signos de los tiempos mutan. Hoy, la administración del Hotel esta en manos de Laura Rivera exclusivamente, hija de Eduardo y Maria Juana. Psicóloga y mujer de letras, ha incorporado la sabiduría administrativa, y la pasión por el conocimiento de sus padres. Pero, además, el bólido ha recibido el regalo del punto de vista femenino moderno: Por dentro, ha cobrado un aspecto más refinado, acogedor. Con un claro giro estético.

Muchos presagiaban, desde un machismo ingenuo, la caída del establecimiento, imaginando que una mujer, nunca podría llevar adelante semejante empresa, y menos, en una pandemia. Muchos hoteles y establecimientos cerraron. El barco, comandado ahora por una mujer, es fiel a su espíritu: Resiste. ¿Es que es el hotel, el que vuelve a las personas resistentes, resilientes? ¿O es que las personas resilientes, identificadas con la estructura, buscan, por simpatia, al hotel? Nunca lo sabremos.

Solo puedo decir, que muchas veces fantaseo con ingresar al lugar, y dejarme impregnar por el espíritu presente en su simbología, en su estructura, en su historia, por el carácter de las personas que ha recibido en su seno. Yo no sé ustedes, pero para mí, las paredes hablan, y la sabiduría indica que todo es música cuando sabemos oír.

Por Pablo Lujan

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